VIAJE A HONDURAS

 

 

El 18  de abril de 2008, un grupo de miembros de ADECABI- Ángela, Conchi, Antonio y Mª Asun- iniciaron su periplo por tierras centroamericanas. Por supuesto que  el destino era El Negrito y compartir unos días con Dulce en su salsa. Tras pasar por Costa Rica, conocer la increíble pareja formada por Rosa y Germán , sus hijos, comprobar que es un hermoso país con una naturaleza exuberante, unas gentes encantadoras - pura vida- llegamos a El Negrito.

¿Nuestro equipaje? Bien, gracias. Sorteó el exceso de peso con cierta ayuda  en el aeropuerto de Loiu, llegó con una bolsa rota (de esas de rafia con dibujo de cuadros y cremallera) a San José, pasamos sin incidentes todas las aduanas, controles de seguridad habidos y por haber, con un lector de transparencias en manos de Antonio, un equipaje de mano considerable y sin un solo “tirón” ni contractura.

En San Pedro Sula nos recibió Dulce, acompañada por Meme, profesor del San Ignacio. Si, Dulce había sabido hacernos una descripción muy real y detallada de la situación.

Fuimos conociendo a Leonila , la monja franciscana que lleva el Centro de Nutrición de Menores que se autoabastece con una granja y una piscifactoría.

También conocimos a Julio, el médico de la Clínica Santa Irene, su mujer, Carmen, y su lora. Si,  he escrito lora, ya que al vivir el médico al lado de la clínica la lora “trabaja” como megáfono-amplificador. 

 

                                               

 

Cenamos con la familia de Walter, allí estaban  mujer, madre, suegra, hermanos/as, cuñadas/os, ahijado, sobrino, primos, etc; Probamos la comida típica hondureña: tamales, casamiento (arroz con fríjoles), sopa de caracol (buenísima), baleadas (deliciosas), piñas y mangos ....

Nos hizo de guía  por El Negrito Eugenio- Chepito-encargado de la emisora de radio local,  antiguo alumno del San Ignacio, también estuvimos con Félix que nos llevaría a La Hoya pero esa historia será más adelante.

Por supuesto que estuvimos en el San Ignacio, principal motivo del nacimiento de Adecabi como ONGD, el mayor destinatario de nuestros esfuerzos y el que más satisfacciones nos da. Conocimos a todo el cuadro de profesores: Claudia, la directora, Leslie, Adonis, Memé, todos ellos hondureños. Hicieron un pequeño homenaje por su parte con la entrega de un escudo de Adecabi tallado en madera que es un agradecimiento a todos los que nos apoyan y subvencionan para poder seguir adelante.

Nos enseñaron  las aulas, el taller de ebanistería, de carpintería metálica, de corte y artesanías . Nos refieren sus problemas de un modo muy cercano: como a ellos también les afecta la subida  a nivel mundial de  los precios de las materias primas, de cómo hay cada vez más dificultades en el suministro de madera por la presión de las grandes empresas de capital extranjero cuyos beneficios no redundan en la población local. De la necesidad de remozar las aula y talleres , de crear una biblioteca. De sus ilusiones y de sus ganas de seguir trabajando en una sociedad que se debate entre el drama de la emigración exterior –EEUU- , la huida del campo a las grandes ciudades – Tegucigalpa, San Pedro Sula-, engrosando los cinturones de pobreza de estas capitales, de los restos de la destrucción del Mitch, de la “acomodación” de las instituciones para  sacar el país adelante.

 

                                                   

 

Mañaneamos y nos vamos por todo El Negrito a tomar muestras de agua. Descubrimos una naturaleza exuberante, caudales de agua cristalina, aprendemos a distinguir el negrito (árbol acáceo) del guanajate (árbol de cuya semilla se saca jabón) y del árbol del turista ( tronco rojo y pelado); millones de mariposas de todos los colores, un sol espléndido... pasamos por las comunidades de Dulce Nombre, Rosa Núñez, El Pate I, Quebrada Jocomico, El Dorado, El Limón así hasta 12. El agua según las muestras recogidas y procesadas se podría clorar y conseguir que fuera potable con la desaparición de las amebas y de los problemas de salud pública que conlleva.

 

                                            

 

También hay que decir que para sorpresa nuestra salimos en el noticiero de la emisora local ya que el reportero Chepito nos grabó a traición aunque posteriormente haría una entrevista a nuestro presidente. Hay que decir que también lo intentó conmigo pero tras llevarme un mal rato desistió. Mi debut en la televisión hondureña fue un rotundo fracaso. (En mi descargo deciros que nunca he pretendido dedicarme a las tablas).

 

                                           

 

Aprendimos palabras nuevas como mañanear por madrugar y trapear por fregar tenemos que hacer un esfuerzo por decir que la moneda es un lempira y no una lempira si no queremos incurrir en las iras de nuestra anfitriona. Descubrimos que nos confundían con “gringos” que hacían un esfuerzo por hablar castellano y se ofrecieron a darnos clases de español.

Hasta aquí lo fácil y agradable, el ver el fruto de tantos años de trabajo: las conducciones de las cañerías destrozadas por el Mitch reconstruidas, la clínica que se autofinancia, el colegio que sigue adelante y con unos índices de permanencia del alumnado francamente positivos, las ilusiones de los profesores y alumnos, la implicación de los hondureños en los proyectos, la entrega y dedicación de Dulce durante todos estos años que es imprescindible, su conocimiento de sus gentes y del terreno que pisa , los proyectos de futuro con la creación de nuevos talleres, la potabilización del agua, la ampliación de la emisora local y tantos otros.

 

                                   

 

Ahora empieza lo duro. Nos vamos a los Cerros, a La Hoya, nos llevamos de guía a Félix y Chepito , la idea es conocer la las comunidades indígenas que viven en las montañas y de paso si encontramos niños desnutridos bajárselos a Leonila para que ingresen en el Centro de Nutrición. Dejamos la municipalidad atravesamos los caminos que durante la época de lluvias desaparecen cubiertos  por las aguas, y vamos subiendo los cerros por una pista que a un lado tiene el monte, al otro el barranco y el firme es un inmenso socavón con restos de barro y agua que no dejan ver su profundidad. Tras finalizar la pista forestal empezamos la caminata, el entorno es espectacular de una gran belleza, árboles frondosos y agua abundante, el sol nos acompañará  todo el camino, nos topamos con un “marihuanero”, la civilización no ha llegado por aquí pero la droga si.

 

                                               

 

Los indios que nos encontraremos son los que se resistieron a la llegada de los españoles aislados en sus montañas, no se han mezclado con otras culturas,  se alimentan de plantas silvestres y de raíces, sólo cultivan la tierra unos pocos  de  ellos (exactamente dos familias) y cuidan cerdos y gallinas  tras veinte años de trabajo y dedicación por parte de Félix y sus compañeros. Las cabañas donde viven son apenas un conglomerado de ramaje que se levanta sobre la tierra, sin separaciones ni mobiliario de ningún tipo, que se inundan en la temporada de lluvias.

Esto es difícil de transmitir. Está claro que viven en unas condiciones infrahumanas pero eres consciente de que no  tienes nada que ofrecerles para salir de esa postración en la que se encuentran, admiras su capacidad de supervivencia pero te indignas porque no se rebelan contra las circunstancias que les han tocado vivir también entiendes que no tienen energías para hacerlo y  no se les puede sacar de esa forma vida a palos con nuestra superioridad de europeos “arregla injusticias” además ¿a dónde les llevaríamos?

Dejamos El Negrito y nos dirigimos a Tela en el Caribe hondureño, luego, ya sin Dulce,  seguimos nuestro periplo por tierras centroamericanas.